Oiga @xtyno, tenga :3 pic.twitter.com/pbquEdVHNx
— Samantha Salas (@BesosdeViento) October 27, 2013
Y lo celebré como debe hacerlo un corrector: corrigiendo.
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| Pues es que los correctores solemos ser muy quisquillosos con los detalles. |
Hablando de detalles, en los medios se maneja indistintamente Día Internacional del Corrector de Estilo, Día del Corrector de Textos o Día de la Corrección, pero los organizadores —al menos los de México— lo han llamado Día Internacional de la Corrección de Estilo. Parece que es lo mismo pero no es lo mismo. Recuérdese, ante todo, la máxima del corrector: pinche pero parejo.
Entonces, ¿por qué se escogió el 27 de octubre para celebrar a este ser que gusta por cazar erratas en los textos? Pues esta fecha la eligió la Fundacion Literrae en Argentina en 2006, y al año siguiente fue también adoptada por la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición, por coincidir con el natalicio (aunque la fecha varía dependiendo las fuentes, entre el 26, 27 y 28 de octubre de 1466, la más común es la del 27) de Erasmo de Rotterdam.
¿Quién fue Erasmo de Rotterdam, o por qué los correctores debemos de celebrar nuestro día (como si los demás días no fueran nuestros) el mismo día que su nacimiento? Pues fue un escritor y humanista holandés al que la Congregación del Índice le censuraba casi todo lo que escribía. Hasta los dibujitos.
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| Los correctores de estilo debemos tener tacto para sugerir cambios. |
A Erasmo también le debemos las primeras traducciones de la Biblia, del Nuevo Testamento, al alemán y al inglés. Y otras grandes obras del humanismo, por las que tuvo grandes diferencias ante la Iglesia que, como ya vimos, gustaba de censurarle.
Y, por supuesto, el Elogio a la locura, un libro que, de acuerdo con algunos autores españoles, sirvió de inspiración para Cervantes y su Quijote:
"Que se diga de mí todo lo que se quiera (ya sé que la Locura es detractada continuamente incluso por los más locos), sin embargo soy yo y solamente yo quien, por mis influjos divinos, esparzo la alegría sobre los dioses y los hombres".
Pero lo que más debe llamarnos la atención dentro del Elogio a la locura es su visión sobre algunos autores, recordemos nuevamente sus diferencias con la Iglesia, y la muestra de lo necesaria que es la locura en el proceso editorial.
En fin, que el 27 de octubre ha sido un buen pretexto para hablar de esta profesión, de este arte, de esta forma de vida, que, en cierta medida, con cliché admitido, nos vuelve locos. Y es que, aunque se aplique con total sobriedad, la corrección de estilo no debe perder la sonrisa de quien se deja consentir por la locura en su trabajo.
Luego así como podría uno justificar aquellos accidentes felices, diría Bob Ross, en otros casos fuentes de inspiración que los errores de dedo nos han regalado, intervención del autocorrector de los teléfonos inteligentes incluida. Decía Alí Chumacero que el azar es poeta a veces. Y de grandes erratas también se cultivan perlas.
Así que el Día Internacional de la Corrección de Estilo puede ser un buen día para que nuestros conocidos comprendan por qué somos un poco obsesivo-compulsivos; un poco meticulosos; un poco distraídos aquí, porque estamos pensando si esa mayúscula está bien puesta acá; un poco desordenados aquí, pero con un orden impecable acá; entenderán la enajenación que muestra uno por el Diccionario del uso del español de María Moliner, o entenderán lo bien que se siente resolver una duda o que la necesidad de dejar un texto limpio y, sobre todo, unificado, sea tan grande que a veces olvidamos que la comida es una función necesaria para la vida tal y como la conocemos.
Y en especial, los autores entenderán que nuestro trabajo es tan importante como el suyo.
No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las hojas, lo cual vale más que tratar de llenarlas.
En serio:
Y cuánta razón tenía mi maestra cuando me dijo que no iba a volver a ver el mundo de la misma manera:
"Los que corren tras la inmortalidad escribiendo libros, son poco más o menos de la misma ralea que los oradores. Me deben grandes favores. Pero yo [la locura] inspiro principalmente a los que escriben bagatelas y tonterías. Para esos autores que por medio de sus obras sensatas aspiran al beneplácito de un reducido número de lectores de sentido común y no rehúsan aceptar como jueces a Perse y Lélio, su suerte me parece más digna de piedad que de envidia. Torturan sin cesar su espíritu, cambian, tachan, añaden, repasan, corrigen, consultan; siempre descontentos de lo que hacen, trabajan durante nueve o diez años hasta publicar su obra. Después de tantas vigilias, penas y trabajos, tras tantas noches sin gustar las delicias del sueño, ¿cuál es su recompensa? La cosa más vana y frívola del mundo: la aprobación de un reducido número de lectores."
En fin, que el 27 de octubre ha sido un buen pretexto para hablar de esta profesión, de este arte, de esta forma de vida, que, en cierta medida, con cliché admitido, nos vuelve locos. Y es que, aunque se aplique con total sobriedad, la corrección de estilo no debe perder la sonrisa de quien se deja consentir por la locura en su trabajo.
Luego así como podría uno justificar aquellos accidentes felices, diría Bob Ross, en otros casos fuentes de inspiración que los errores de dedo nos han regalado, intervención del autocorrector de los teléfonos inteligentes incluida. Decía Alí Chumacero que el azar es poeta a veces. Y de grandes erratas también se cultivan perlas.
Así que el Día Internacional de la Corrección de Estilo puede ser un buen día para que nuestros conocidos comprendan por qué somos un poco obsesivo-compulsivos; un poco meticulosos; un poco distraídos aquí, porque estamos pensando si esa mayúscula está bien puesta acá; un poco desordenados aquí, pero con un orden impecable acá; entenderán la enajenación que muestra uno por el Diccionario del uso del español de María Moliner, o entenderán lo bien que se siente resolver una duda o que la necesidad de dejar un texto limpio y, sobre todo, unificado, sea tan grande que a veces olvidamos que la comida es una función necesaria para la vida tal y como la conocemos.
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| Pues bien, ya he aplicado todos los criterios de la casa. |
Y en especial, los autores entenderán que nuestro trabajo es tan importante como el suyo.
No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las hojas, lo cual vale más que tratar de llenarlas.
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| Relación entre autor y corrector. |
En serio:
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| Nunca hay que perder el control en el Control de cambios. |
Y cuánta razón tenía mi maestra cuando me dijo que no iba a volver a ver el mundo de la misma manera:
Feliz Día Internacional de la Corrección de Estilo (no importa cuándo leas esto).





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